
PRIMERA CINTA: DONDE SE EXPLICAN ELLA Y LAS DEMAS Y SE DEJA SENTADO QUE ESTE MUNDO ES UNA MIERDA
Terribles datos que demuestran que este mundo es una mierda
Y basta ya de avisos y advertencias previas. Empecemos ya. Punto
uno: este mundo es una mierda. Hace dos años había
a la entrada de la sede de la Cumbre de la Tierra, de la Conferencia
de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo celebrada
en Río de Janeiro, un reloj digital que marcaba a la vez
la hora y la población de la Tierra. El viernes 5 de junio
de 1992 a las 23 horas GMT ese reloj indicaba que la población
de la Tierra sumaba 5.465.873.368 personas. Cinco mil quinientos
millones de personas en números redondos. Recuerda esa
suma para que puedas darte cuenta de hasta qué punto este
mundo es una mierda. Porque de esos cinco mil quinientos millones
de habitantes del mundo sucede que cuatro mil millones viven en
condiciones de sufrimiento alto o extremo. Y dos mil quinientos
millones están expuestas a enfermedades vinculadas con
la contaminación del agua. Y dos mil trescientos millones
viven en malas condiciones higiénicas. Y mas de dos mil
millones sufren carencias de vitaminas y de minerales en su alimentación
y las enfermedades (ceguera,retraso mental,etc) y la muerte que
de ello se deriva.
Para aquí la cinta, vuelve un poco atrás y repasa
y procura memorizar esos datos. Son importantes. Pero además
de memorizarlos procura visualizarlos. Procura imaginarte
qué significan en términos de cantidades físicas
iguales a las que puedes ver a tu alrededor. Fíjate bien:
los vascos del Sur de Euskal Herria somos ahora, en números
redondos (redondeados), dos millones y medio. Utiliza ese dato
para valorar, imaginar y visualizar los que acabo de darte. Esos
dos mil quinientos millones de personas que están expuestas
en el mundo a enfermedades vinculadas a la contaminación
del agua son, pues, mil personas por cada uno de los vascos que
hoy vivimos en el Sur de Euskal Herria. Ese dato significa, pues,
que por cada uno de los miembros de tu familia hay en el mundo
mil personas que están expuestas a enfermedades vinculadas
a la contaminación del agua. Y otras mil por cada uno de
los vecinos de tu barrio. Y otros mil por cada uno de los habitantes
de tu herrialde .Y así sucesivamente hasta sumar otros
mil por cada uno de los que vivimos en las cuatro provincias del
Sur de Euskal Herria. O, según los datos que ahora voy
a añadirte, lo que sucede en el mundo es que hay seiscientas
personas sin servicios médicos por cada uno de los vascos
que vivimos en el Sur de Euskal Herria. O que hay en el mundo
trescientos noventa analfabetos adultos por cada uno de los habitantes
del Sur de Euskal Herria. Acostúmbrate, por favor, a intentar
siempre imaginarte los datos. A intentar humanizar los
datos. A intentar ponerle caras y rostros y brazos y piernas a
las cifras de los datos.
Vamos a seguir ahora con los que demuestran que este mundo es
una mierda. De los cinco mil quinientos millones de personas que,
en números redondos (redondeados), vivimos en el planeta
Tierra sucede también que hay mil ochocientos millones
que carecen de saneamiento adecuado. Y mil quinientos millones
carecen de servicios médicos. Y mil trescientos millones
no tienen acceso a agua potable. Y mil cien millones viven con
menos de un dólar al día. Y más de mil millones
de habitantes de las ciudades están expuestos a una fuerte
contaminación atmosférica: óxido de azufre
y nitrógeno peligroso para la salud. Y 948 millones de
adultos eran analfabetos en 1990. Y setecientos millones están
parados o subempleados en los países pobres. Y setecientos
millones de personas, mujeres y niños sobre todo, están
contaminados en sus viviendas por la inadecuada combustión
que usan para cocinar o calentarse.
Hay muchos más datos como éstos. Pero estarás
de acuerdo conmigo en que los que acabo de darte son suficientes
para deducir de ellos que este mundo es una mierda.
Antes de seguir conviene que te fijes en un hecho. El siguiente:
todos los datos que acabo de darte han sido publicados en periódicos
diarios del Estado español. Y sin embargo difícilmente
los habrás escuchado ni visto ilustrados en ninguna de
las televisiones. ¿Sabes por qué?. Pues porque,
como han repetido al dar los resultados de la macroencuesta preelectoral
(27.000 entrevistas) realizada por el Centro de Investigaciones
Sociológicas a finales de 1992 para el Gobierno, casi el
100% de los súbditos del Estado español ven todos
los días la televisión y un 74% dice ver en ella
las noticias todos los días mientras que sólo un
26% lee el periódico diariamente (y no es seguro que lea
este tipo de noticias). Añádele a eso que los periódicos
no han publicado esos datos juntos como yo te los acabo de
contar sino por separado y separados por semanas o meses de
tiempo. Y que, en la inmensa mayoría de los casos, los
presentan sin explicar por qué se producen. Cuando esos
datos llegan al lector de periódicos lo hacen igual que
llegan los datos de un terremoto o de una erupción de un
volcán. Es decir, como cosas que pasan. Como fenómenos
de la Naturaleza.
Y, sin embargo, esos datos escalofriantes de carencias y sufrimientos
padecidos por seres humanos de carne y hueso no les ocurren.
No caen sobre ellos como les puede caer un rayo o barrer un maremoto.
Hay una clave. Una explicación de por qué tienen
que sufrirlos. Naturalmente la clave es la miseria. La pobreza.
Más específicamente: la clave está en que
el mundo funciona de tal forma que una inmensa mayoría
de su población está hundida en la pobreza para
que una minoría derroche la riqueza y la opulencia.
Fíjate bien: en 1988 había cinco mil ciento tres
millones de personas en la Tierra. De ellos algo menos de la cuarta
parte (1.184 millones, el 23% del total) vivían en lo que
ahora los periódicos, los comentaristas, los políticos
y los profesores llaman EL NORTE. En los países enriquecidos:
Japón, Estados Unidos y sus estados asociados (Puerto Rico
e Israel), Canadá, los doce de la Comunidad Europea, los
siete de la EFTA, la URSS, la Alemania del Este, Checoslovaquia
y los países recientemente enriquecidos del Pacífico
(Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Hong-Kong, Taiwan y Corea
del Sur). Ese 23% de la población acaparó el
85% del producto bruto mundial (más de quince billones
y medio de dólares: 15.659.590.000.000 $). Mientras
que, por el contrario, los habitantes de los países empobrecidos,
los que viven en lo que llamamos EL SUR, que eran el resto y sumaban
3.919 millones de personas (el 77% del total mundial) malvivían
con sólo el 15% del producto bruto mundial, con bastante
menos de tres billones de dólares (2.808.668.000.000 $).
Voy a repetírtelo. El 23% de la población mundial
que vive en el NORTE acaparó en 1988 el 85% del producto
bruto mundial mientras que el 77% que malvive en el SUR tenía
que repartirse el 15% de ese producto.
Pero la desigualdad es todavía muchísimo mayor de
lo que indican esos datos. Porque ahí está sumada
la población utilizando como sumandos no los individuos
sino cada uno de los conjuntos de individuos que viven en un país
organizado como estado independiente miembro de las Naciones Unidas
o como colonia (quedan pocas) de uno de esos estados. Hemos sumado
los estados ricos por un lado y los pobres por otro. Y es evidente
que dentro de los estados pobres hay individuos que son ricos
y que dentro de los estados ricos hay individuos que son pobres.
Por ejemplo, dentro de la Comunidad Europea hay -por lo menos-
cincuenta y cinco millones de pobres. (Te he dicho por lo menos
porque esos son los que oficialmente contabiliza el órgano
de gobierno de la Comunidad en 1992 y es seguro que contabiliza
por lo bajo). Y seguro que tú figuras entre la muchísima
gente que ha pasado por la experiencia de ver por televisión
la riqueza y la opulencia en la que viven algunos individuos en
países de oceánica pobreza: las mansiones de los
narcotraficantes en los países sudamericanos con docenas
de millones de personas sumidas en la miseria, el lujo bien llamado
asiático de los marajás contrastando con los centenares
de millones de miserables de la India, etc, etc. Por eso la desigualdad
real existente en el mundo es muchísimo mayor que la que
nos han mostrado los datos que acabamos de ver.
Felizmente disponemos de datos más afinados. Una Organización
de las Naciones Unidas ha constatado que en 1992, sólo
cuatro años después de ese 1988 del que antes te
mostraba la feroz desigualdad, ésta había empeorado
porque el 20% de la Humanidad (su quinta parte enriquecida)
acumulaba ya ¡el 83%! (el 82,7%) de los ingresos
totales del mundo, mientras que ¡el 80%! restante
de los humanos del planeta tenían que arreglárselas
con sólo el 17% de los ingresos mundiales. Esa misma
organización de la ONU ha comparado en su informe de 1992
los ingresos de los mil millones de personas más ricas
del planeta con los de los mil millones de personas más
pobres, con independencia de donde viven. Y ha encontrado que
los ingresos de los más ricos son ciento cincuenta veces
mayores que los de los más pobres. En números
redondos y toscos eso significa que hay mil millones de personas
en el mundo con menos de cuarenta mil pesetas de ingresos al
año cada una y otros mil millones con más de
seis millones de pesetas de ingresos al año cada una.
(Más adelante veremos tú y yo con algún detalle
como funcionan definiciones como la de los dólares internacionales
o la de la paridad del poder adquisitivo y entonces entenderás
por qué digo eso de "números redondos"
y "números toscos").
Quiero que escuches ahora otro puñado de datos que me gustaría
que repasaras y repensaras. Que vuelvas atrás una y otra
vez la cinta hasta que te los aprendas de memoria. Porque son
datos definitivos para dejar bien sentada la tremenda realidad
de la desigualdad, del contraste entre los que tienen y despilfarran
muchísimo y los miserables que mueren de hambre y de necesidades
no cubiertas. Y porque son datos inatacables, indiscutibles.
Porque no son datos calculados ni elaborados por ningún
sociólogo comunista. Son datos del mismísimo banco
central de los Estados Unidos (que se llama la Reserva Federal
de los Estados Unidos). Son datos oficiales, estatales, del país
más poderoso del planeta.
Según esos datos sucede que dentro de los riquísimos
Estados Unidos de Norteamérica el uno por ciento (1%) de
las familias más ricas (834.000 familias) acaparaban en
1989 el 37% del patrimonio neto de los Estados Unidos. Concretamente
cinco billones setecientos mil millones de dólares (5.700.000.000.000
$). Lo que al cambio medio del dólar de ese año
(118,53 pesetas por dólar) suponían seiscientos
setenta y cinco billones seiscientos veintiún mil millones
de pesetas (675.621.000.000.000 de pesetas). Te diré, para
que tengas algún elemento de comparación que te
permita imaginar que significan esas cifras mareantes, que ese
año la totalidad de los bienes y servicios producidos por
todos los más de treinta y ocho millones de habitantes
del Estado español sumaron, a precios de mercado, tan solo
cuarenta y cinco billones de pesetas. Es decir, que el patrimonio
de esas 834.000 familias riquísimas de Estados Unidos valía
quince veces el valor de todo lo producido durante un año
por los casi cuarenta millones de súbditos del Estado español.
Pero lo realmente significativo es señalar que ochenta
y cuatro millones de familias norteamericanas (el 90% del total)
sumaban en 1989 menos patrimonio neto que esas 834.000
familias riquísimas: "sólo" 4,8
billones de dólares frente a sus 5,7 billones de dólares.
Vamos a fijarnos ahora en el 10% de las familias más ricas
de Estados Unidos (que naturalmente incluyen a ese 1% de las más
ricas de todas). En 1989 acaparaban el 69% del patrimonio neto,
de la riqueza neta de los Estados Unidos. Fíjate bien:
la población de los Estados Unidos en su conjunto es
sólo un puñado de la población mundial
(menos del 5%, menos de la vigésima parte). Y, sin
embargo, acapara más de la cuarta parte (el 26%)
de la producción mundial de bienes y servicios. Y dentro
de ese pequeño puñado de la población mundial
sucede que un aún más pequeño puñado
de ella (el 10% de las familias) ha atesorado las siete décimas
partes de las riquezas rapiñadas por los Estados Unidos.